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sábado, 26 de abril de 2025

después del fin de ladri di biciclette

Decía Manuel Summers que su paso por el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas fue una interminable sucesión de proyecciones de Ladri di bicciclette (Ladrón de bicicletas, Vittorio De Sica, 1948). Incorporado al centro dos años después que Summers y sin llegar a obtener el título, Josep Maria Font Espina rindió su particular homenaje a la película fundacional del neorrealismo y en su práctica de segundo curso, Después del fin (1959), decidió hacer bueno el final esperanzador que la censura española había impuesto a la cinta de Zavattini y De Sica.

Antonio Ricci y su hijo prosiguen en su vagabundeo por la ciudad en busca de trabajo. Se detienen en una de esas atracciones de descampado que eran frecuente decorado en los trabajos de la Escuela de Cine. Padre e hijo echan una mano al feriante, lisiado y aficionado a la bebida.

En agradecimiento, el feriante le regala a Ricci su vieja bicicleta... El ejercicio de cinefilia de Font Espina tiene también mucho de parábola evangélica en la que quien da sin esperar nada a cambio recibe su recompensa. 

Después del fin se puede ver aquí: https://filmo.platfo.es/content/escuela-de-cine/despues-del-fin/play

lunes, 9 de agosto de 2021

un ladri di biciclette triestino y anticomunista

Finalizada la II Guerra Mundial el estadounidense Herbert L. Jacobson se establece en la zona italiana del Territorio Libre de Trieste, administrado por las fuerzas anglo-americanas. Casado con una triestina, el periodista y ex-oficial del Quinto Ejército estadounidense se hace cargo de la dirección de Radio Trieste en 1946. Cuando los Estados Unidos despliegan en 1948 el Plan Marshall en Europa la Administración de Cooperación Económica (ECA) encomienda a cineastas de varios países la realización de películas de propaganda sobre sus actividades. De este modo, Herbert Jacobson se convierte en Jacopo Erbi, director de Aquila (1951), una película de ficción de dos rollos sobre la importancia de la ayuda estadounidense para acabar con el desempleo en la zona de Trieste.

Los títulos de crédito se desarrollan precisamente sobre imágenes de ciudadanos que reclaman paz, libertad y trabajo. Y ahí es precisamente donde se percibe la influencia de Ladri di biciclette (1949). Como en ésta, Aquila presenta a un padre de familia (Natale Peretti) incapaz de encontrar un puesto de trabajo que le permita llevar a casa comida para su mujer y sus hijos. Como a Antonio Ricci, la frustración le empuja al robo, aunque la policía se muestra comprensiva y le deja libre.

Hasta este momento, toda la iconografía desiquiana ha hecho acto de presencia, pero en lugar del futuro incierto que aguarda a Ricci y al pequeño Buno cuando se pierden entre la multitud al final de la película de De Sica, aquí comienza el argumentario propagandístico de Aquila. La ECA planea una inversión de dos mil setecientos millones de liras en la construcción de la refinería que da título a la película. 

Bajo la eficiente supervisión de la ECA los trabajos se desarrollan a toda velocidad y, en breve, el desempleado está plenamente integrado en el equipo de la refinería y su familia, bien alimentada, es feliz a más no poder. Los camiones de Aquila distribuyen el combustible por toda Italia mientras aparece la palabra Fin. En inglés, eso sí, porque el cortometraje carece de diálogos. La banda sonora está constituida por una vibrante partitura de Mario Bugamelli interpretada, como no podía ser de otro modo, por la orquesta de Radio Trieste.

Justo antes, en un sutil guiño propagandístico, el trabajador satisfecho se ha detenido ante un cartel que solicita el voto para el PCI y no le ha hecho ni caso. Hay que recordar que Ricci y su hijo sólo encontraban solidaridad para recuperar la bicicleta robada de los miembros de una delegación barrial del Partido Comunista. Pero la llegada de la Democracia Cristiana al poder en 1948 ha allanado el camino a la ayuda americana y ambos tienen un enemigo común. En Aquila, el neorrealismo no es otra cosa que un envoltorio que, debido a la inmensa popularidad de Ladri di biciclette, el público acepta sin reparos: una cucharada de azúcar con la que hacer tragar la medicina de la propaganda proamericana y anticomunista.

martes, 24 de marzo de 2020

la leyenda de que de sica maltrata a sus actores

 

Como en sus buenos tiempos de editor para Rizzoli y Mondadori, a principios de la década de los cincuenta Cesare Zavattini es una máquina de generar nuevos proyectos. En algunos, incorpora a De Sica. O De Sica acepta participar en ellos.

Es el caso del primer Documento mensile, una especie de revista cinematográfica realizada por grandes nombres de la cultura; directores de primera línea, literatos y pintores se hermanan en una producción cuyas riendas llevan el incansable Marco Ferreri y Riccardo Ghione. Así, Luchino Visconti firma el reportaje lírico Appunti su un fatto di cronaca (Documento mensile n. 2, 1951), Antonioni un documental que intenta transmitir el vértigo que sienten los pasajeros del funicular del monte Faloria y Alberto Moravia se pone por única vez tras la cámara para adaptar su cuento Colpa del sole. El documental que debía realizar Giuseppe De Santis sobre la ocupación de tierras en Sicilia por parte de los campesinos, nunca llegó a realizarse y el de Visconti tuvo problemas censoriales que impidieron que la revista cinematográfica pasara de la tercera edición.


De Sica dirige un reportaje titulado Ambienti e personaggi (Documento mensile n. 1, 1951) en el que revisita la última escena de Ladri di biciclette en compañía de Lamberto Maggiorani, el niño Enzo Staiola y el operador Carlo Montuori. La metaficción integra parte del montaje original en continuidad con las escenas en las que De Sica ensaya, da indicaciones de interpretación, realiza observaciones sobre la continuidad de las secuencias y marca la posición de la cámara, hacia la que se dirige en una rima recurrente que sirve para marcar las transiciones. Los cambios de vestuario y clima -la pieza se rueda en verano y dos años y pico más tarde que la película- son patentes y De Sica rehúye la sutura del raccord para poner en escena su método de trabajo. Es aquí, para esta recreación, cuando le pega una bofetada –o lo simula- al pequeño Staiola, dando lugar a la leyenda de que maltrata a sus actores hasta conseguir la reacción apetecida.

lunes, 25 de febrero de 2019

ladri di biciclette según la codorniz


A mediados de la década de los cuarenta, Alfredo Marqueríe se encargaba de realizar la crítica de cine en el semanario humorístico La Codorniz y, aunque el neorrealismo nunca estuvo bien visto por los responsables de la revista, Ladri di biciclette le pareció una “película que a pesar de la levedad de su argumento incluye la colaboración de varios literatos auténticos... Y eso se nota”.

Tras la mención implícita a Zavattini y a Suso Cecchi d’Amico pasa a sugerir a las productoras con vocación de futuro la creación de un consejo consultivo formado por literatos que se dedique a la revisión y afinación de guiones con criterios literarios. La citada crítica es un elogio:
Queremos ver la vida, la calle, la gente tal y como son, tal y como aparecen en Ladrón de bicicletas para identificarnos con ellas, para gozar con sus alegrías o padecer con sus tristezas, olvidándonos de que hay una cámara, una cinta de celuloide, un laboratorio, un montaje, un proyector y un telón. [...] Ladrón de bicicletas es un drama de seres humildes, pero de una hondura tan enternecedora que sólo los frívolos o los inconscientes pueden dejar de entenderlo y de comprenderlo. En los momentos de ironía su burla es magnífica, porque cala profundamente en la carne sometida a su bisturí, y en las secuencias de dolor y de desesperación está tan lleno de amor y de comprensión hacia la pequeña y gran tragedia de sus personajes, que llega certero hasta nuestro corazón. [La Codorniz, núm. 450, 25 de junio de 1950.]

viernes, 27 de abril de 2018

aclimatación del neorrealismo a la realidad española


Sin la sonrisa de Dios (Julio Salvador, 1955) es una exaltación de los maestros de la escuela pública, que, según la película, tienen dos apoyos insustituibles a la hora de luchar contra la desigualdad y la miseria que reina en los barrios bajos de una gran ciudad: la iglesia y el Frente de Juventudes. Gracias a la labor asistencial de estas organizaciones y a la integridad del profesor Ponte (Conrado San Martín), el golfillo Piquín (Pepito Moratalla) encontrará un camino de redención mediante la que purgar las culpas de sus padres.


Asistimos así a la plasmación de lo que se venía reclamando desde instancias oficiales españolas desde la explosión neorrelista, que deflagra en España tardíamente, a principios de la década de los cincuenta. Esto es, que la esperanza de matriz cristiana sirva de superación al determinismo que guía los mejores trabajos de Rossellini y De Sica en esta línea. La cita de Ladri di biciclette no puede ser más literal.

sábado, 4 de marzo de 2017

enzo staiola y vicente


Mientras sus compañeros de redacción en La Codorniz saqueaban La Ilustración Española y Americana en busca de imágenes finiseculares que sirvieran de base a sus collages humorísticos, Rafael Azcona tiende a utilizar, en la última etapa del "Repelente niño Vicente", imágenes más o menos contemporáneas, provenientes de revistas de modas y de otros semanarios ilustrados. Para este chiste de 1956 recortó una foto de Ladri di biciclette, de modo que el redicho Vicente comparte encuadre con el atribulado Enzo Staiola.

viernes, 18 de marzo de 2016

localizaciones

Roma:

el puente Fabricio o ponte dei Quattro Capi,
que une el Campo de Marte con la isla Tiberina
Sciuscià (1946)

el túnel Umberto I, bajo el Quirinal
Ladri di biciclette (1948)
Caccia alla volpe  / After the Fox (1966)

el Cine Iride, uno de los primeros de Roma,
en la esquina de Via del Corso con Via di Pietra

 Umberto D. (1952)

el Panteón
Umberto D. (1952)

la estación Termini
Stazione Termini / Indiscretion of an American Wife (1953)
 I girasoli (1970)


 
  Il tetto (1956)

el Coliseo
 Il tetto (1956)

Piazza San Pietro, en el Vaticano

Il boom (1963)

el mercado de Campo De' Fiori
  Caccia alla volpe  / After the Fox (1966)



Nápoles:


Piazza del Plebiscito

Il giudizio universale (1961)

L'oro di Napoli (1954)


Ieri, oggi, domani (1963)

Piazza del Gesù Nuovo

 Matrimonio all'italiana (1964)


Matrimonio all'italiana (1964) 


Milán:

 el Duomo

Miracolo a Milano (1951)

Lugo:

el mercado de ganado de Lugo (Emilia-Romaña)
Bocaccio ‘70 - "La riffa" (1962)

París:


Woman Times Seven / Sette volte donna (1967)
Hamburgo:

el barrio de St. Pauli
I sequestrati di Altona (1962)


lunes, 27 de julio de 2015

de sica y españa (IV)



César Santos Fontenla realizó una entrevista a De Sica para Cinema Universitario aprovechando su visita a España para el rodaje de Danae / La mujer que vino del mar (Franceso de Robertis, 1957)...
Vittorio de Sica, el hombre al que el cine debe varias de sus máximas obras, el creador de Ladrón de bicicletas y Milagro en Milán, de Umberto D y El techo, nos habla del cine italiano y de su cine, del cine en general y de nuestro cine español.
—Estoy muy contento —nos dice— de la crisis que actualmente existe en el cine italiano. Es una crisis industrial que ha cerrado el paso a la falsa interpretación del neorrealismo. Los industriales han querido hacer del cine italiano lo que es hoy, y se han hundido como tales industriales. Espero que a causa de la crisis haya una vuelta a la idea pura del primer cine neorrealista de la post—guerra. Pero no sé si los industriales serán capaces de comprenderlo así, u optarán por hacer un cine que no tiene nada que ver, un cine correcto y hasta brillante, pero sin contenido, como ocurre con los cines americano y francés. Debemos hacer un cine de carácter moral, poético, elevado. Mientras hagamos cine de esta clase podrá haber a su lado un cine industrial floreciente. Si no, ocurrirá lo que ahora está sucediendo en Italia. No hay trabajo. Sólo hay un film —de Antonioni— en rodaje. Espero que será un hermoso film. Antonioni puede y debe hacerlo. El cine neorrealista nació del dolor. Del dolor que nos produjo la guerra. Espero que el segundo cine neorrealista nazca del disgusto que nos produce la actual cinematografía italiana que ha conquistado el mundo. Que esta crisis nos sirva de impulso para hacer lo que habíamos hecho primero. Creo que los hombres de cine italianos serán capaces de hacer un cine que aún se imponga a la atención del mundo.
—¿Es el de la censura un problema grave en Italia?
—Creo que no. No es, al menos, problema fundamental. Es un peligro, desde luego. Pero cuenta más la autocensura de los autores cinematográficos. El miedo. El miedo a hacer un cine que no guste, y que no gane el mercado, inundado hoy por la producción norteamericana.
—¿Cree que la crisis es más aguda en Italia que en otros países?
—Es la misma cosa. Pero el cine italiano se había destacado sobre el de los demás países. Por eso hoy la crisis es más patente en Italia. En América están preocupados. El público no sabe cuál es el espectáculo cinematográfico que puede interesar. Se hacen demasiados films en el mundo. Yo limitaría la producción en el sentido cualitativo. Claro que hay una teoría contraria, que pide la cantidad, esperando que de ahí salga la calidad. Marty, puede, con su carga de humanidad, haber venido de la cantidad. Pero creo que debe partirse de un entendimiento artístico del cine. No venir la calidad después de la cantidad. Siempre las cosas más bellas las han hecho los productores independientes. En la gran industria, donde el problema industrial pesa tanto, no da tiempo a pensar en el problema del arte. Entonces el cine es un oficio, una industria como pueda ser la de la Fiat.
—¿Cree usted en el porvenir de los llamados avances técnicos?
—Cualquier forma técnica es buena si la idea es buena. La pantalla grande puede ser, de hecho lo es, un progreso. El ojo humano no ve la vida en un rectángulo pequeño. La forma exacta puede ser la del Cinerama, que es la pantalla más grande de todas. Al mismo tiempo digo que si el Cinerama se sigue empleando como hasta ahora no sirve para nada. Es preciso que el contenido sea válido. Pero, el Cinerama, como hecho, tiene la misma importancia que el sonido. Berlanga me decía que el Cinerama requiere escenas de masas, grandes panoramas que no permite un montaje corto. Haremos films con un montaje limitado y cambiaremos la técnica. Los primeros planos serán proporcionados a los objetos que aparezcan en film y que tengan algún significado. Yo rodaría en Cinerama en esta pequeña habitación en la que hablamos. En mis films, antes que los personajes, existe el ambiente en que se mueven. La Roma de Ladrón de bicicletas es diferente de la de Umberto D, que es otra Roma, una Roma umbertina, la época del viejo rey Umberto (1901). La de Ladrón de bicicletas, es la Roma periférica de 1950. Yo doy importancia al hecho de conseguir mostrar estas Romas diferentes. Y creo que podría conseguirlo mejor con Cinerama.
—Hablemos de Zavattini.
—Es el único literato, o uno de los pocos, que crean en el cinema. En realidad, el único verdadero autor cinematográfico. Hay en Italia otros buenos escritores que podrían hacer cine. Pero no crean para el cine. No lo comprenden, y, sobre todo, no lo aman. Zavattini es el hombre más honesto artísticamente que conozco. Lo da todo siempre para un film. Es un colaborador fecundo y afectuoso. El cine neorrealista le debe mucho y yo, personalmente, también.
—¿Cómo le ve usted en su aspecto teórico?
—Zavattini es un hombre de gran inquietud. Como tal ama pensar, ama discutir. Muchas de sus ideas, en su aspecto teórico, son excelentes. Pero sé por experiencia que la práctica de Zavattini es mucho más consistente que su teoría.
—¿Y como director?
Sólo he visto un fragmento del sketch que, con Maselli, rodó para Amore in città. Denota una gran intuición cinematográfica y un gran conocimiento del medio. Pero creo que no puede resistir físicamente el trabajo y la fatiga que la dirección representa. No es que esté enfermo. Pero hace falta una salud de hierro para ser director neorrealista: doce o catorce horas diarias de rodaje, con frío o calor, con viento, entre el tráfico y la confusión. Con un trabajo físico agotador, de minero. Hay que conseguir la poesía por encima de la fatiga. Uno de los índices del director neorrealista es el fatigarse mucho. La última secuencia de El techo la rodamos con un viento de ochenta kilómetros por hora y doce grados bajo cero. A cada minuto debíamos interrumpir el rodaje para ir a calentarnos a unas estufas. No sentíamos nuestras manos.
—Se habla ahora mucho de Fellini...
—Es magnífico. Uno de los jóvenes que han demostrado que sabe hacer cine y hacerlo muy bien.
—¿Y La strada?
—Me gusta y me divierte muchísimo, por la originalidad de su tema y del personaje central femenino, maravilloso. Es una fantasía de un mundo, el del circo y los saltimbanquis, no conocido de todos y para mí desconocido. Pero Fellini lo ha descrito de un modo vital. A través de la película vemos que lo ha visto, que lo ha conocido. Después de La strada, yo creo que exista ese mundo y que verdaderamente sea así. Como neorrealista prefiero I vittelloni. Como artista, La strada.
—¿Cree usted que el neorrealismo debe seguir su primitivo camino o que debe evolucionar, sin dejar de ser neorrealismo?
—Debe conservar su esencia. Pero debe abandonar los argumentos que ha tratado. La vida asume otros aspectos. El primer neorrealismo es un fenómeno de la postguerra, y estudia sus problemas. Hoy los problemas son los de la paz. Problemas distintos, pero igualmente importantes. La vida se renueva siempre y el neorrealismo debe renovarse con la realidad.
—Hablemos ahora de su propia obra. ¿Cuál considera su mejor película y de cuál está menos satisfecho?
Umberto D. sigue siendo la película a la que tengo más cariño. La peor fue Stazione Termini.
—¿Por qué?
—A pesar de que muchos la consideran una buena película en el aspecto de la realización, hay en ella una influencia americana que le ha quitado por completo el carácter italiano que debió tener. El diálogo de Truman Capote es inhabitual y falso. La película, al cambiarse la nacionalidad de la protagonista, no es verdadera. Le falta sinceridad.
Milagro en Milán es quizá su película más discutida...
—Es, efectivamente, un paréntesis en el conjunto de mi obra. Es una variación sobre un tema neorrealista. El neorrealismo aplicado a la fantasía. Es un film que me agrada mucho.
—Uno de los defectos que se le pusieron es que se nos daba por anticipado el mundo de los chabolistas con su solidaridad, en El techo se vuelve a este mundo. Incluso existe un personaje que es una réplica de Rappi. ¿Ha existido la influencia de Milagro... al realizar esta película?
—No. Es una vuelta a un mundo que nos es muy querido a Zavattini y a mí. Pero no hay un propósito de corregir lo hecho en Milagro en Milán. Efectivamente, los personajes pueden ser los mismos que los de aquella película. El personaje que pone las estacas en el terreno es Rappi, que allí estaba tratado de un modo surrealista o superrealista y aquí de un modo real.
—Se ha censurado mucho la simultaneidad de su obra creadora con su labor como intérprete. ¿Cree que ésta puede perjudicar a aquélla?
—No influye en nada. Me es necesaria mantenerla para poder hacer las películas que quiero. El techo ha sido realizada después de todos los Pan, Amor y... Este cine que hago como actor hace que afine más y sea más severo con mi propio cine. Me sirve de lección.
—Hablemos del cine español.
—Es bueno. Al menos lo que conozco. Bardem hace buen cine. Berlanga también. Conozco Bienvenido, míster Marshall y Muerte de un ciclista. Aún no he visto Calabuch.
—¿Y Calle Mayor?
—Tampoco. Ni conozco el cine comercial que se hace entre ustedes. Pero creo que éste es un buen momento para el cine español. No tienen competencia. Creo también que en España se hacen demasiadas películas. Es posible que exista cierta afinidad con la situación del cine italiano en los años cuarenta. En Bardem y en Berlanga hay una influencia neorrealista. Están en el buen camino. Si perseveran en él y pueden hacer libremente las obras de que son capaces, el cine español puede triunfar en el plano internacional. Tienen ustedes una magnífica cantera en sus clásicos. Me interesa mucho Lope de Vega. También me gusta mucho El niño de la bola, de Alarcón. No conozco a Baroja, pero quiero leerlo. Creo que se pueden tener muchas esperanzas en el porvenir del cine español.
—¿Cree, por último, en la utilidad de la labor que se desarrolla por los cine-clubs?
—Sí. Creo en la importancia de los cine-clubs y en la conveniencia del acercamiento de la Universidad al cine. Tengo referencias de las Conversaciones Cinematográficas organizadas por el Cine-Club de Salamanca, y no creo que haya lugar a falsas interpretaciones de matiz político. Se trata de un cine-club que expone valerosamente sus ideas. Mi deseo habría sido presentar una película mía ante ustedes. Pero usted sabe bien que, a pesar de mi intención, ha sido completamente imposible. Otra vez será...

César Santos Fontenla: “Vittorio de Sica en España”,
en Cinema Universitario, núm. 4, diciembre de 1956. pp. 51-55.

viernes, 5 de diciembre de 2014

manuel de sica


Esta mañana ha fallecido en Roma a los 65 años Manuel De Sica, el hijo mayor de Vittorio y María Mercader.

Manuel compone la música de todas las películas de su padre desde Amanti (1968). Tiene apenas veinte años y Vittorio debe salir al paso de las acusaciones de nepotismo. Padre e hijo se desquitarán cuando la banda sonora de Il giardino dei Finzi-Contini (1970) se haga acreedora de una candidatura al Óscar de la Academia de Hollywood.

Su banda sonora para Ladri di saponette (Ladrones de anuncios, Maurizio Nichetti, 1989), sátira sobre la publicidad que quiere ser un homenaje a Ladri di biciclette, recibirá el Globo d’Oro, y la de Celluloide (Celuloide, Carlo Lizzani, 1996), en la que se novela la génesis del neorrealismo según Ugo Pirro, recibe el David di Donatello.

Además, Manuel De Sica hizo una meritoria labor en pro de la restauración de la obra paterna y era presidente de la Associazione Amici di Vittorio De Sica.

domingo, 23 de noviembre de 2014

de andersson a anderson

Si hace cosa de un mes era el sueco Roy Andersson quien reconocía su deuda con Ladri di biciclette, ahora es el estadounidense Wes Anderson quien asegura que su próximo trabajo en stop motion tendrá la estructura y será un tributo a L'oro di Napoli.

Fuente: http://www.c7nema.net/producao/item/42450-wes-anderson-diz-que-o-seu-proximo-filme-podera-ser-em-stop-motion.html

domingo, 11 de mayo de 2014

carlo montuori



De la imagen de Ladri di biciclette se hace cargo Carlo Montuori, un veteranísimo director de fotografía que según Risi, “parecía uno de los enanitos de Blancanieves”.
Colaboró ya en el Ben-Hur (Ben-Hur, Fred Niblo, 1925) de Ramón Novarro e iluminó las primeras películas de Blasetti. A principios de los años cuarenta ha sido el responsable de buena parte de las coproducciones hispano–italianas o italianas para el mercado español, y trabaja con De Sica sólo en blanco y negro, cubriendo buena parte del ciclo neorrealista.

jueves, 6 de febrero de 2014

cinema


 
 
 Sciuscià (Vittorio De Sica, 1946)

Ladri di biciclette (Vittorio De Sica, 1948)

Miracolo a Milano (Vittorio De Sica, 1951)

Umberto D. (Vittorio De Sica, 1952)

 Un monde nouveau / Un mondo nuovo (Vittorio De Sica, 1966)

 
 
 Caccia alla volpe (Vittorio De Sica, 1966)

 
Amanti (Vittorio De Sica, 1968)
  
 
Le streghe (Vittorio De Sica, 1970)

Il giardino dei Finzi Contini (Vittorio De Sica, 1970)

Il viaggio (Vittorio De Sica, 1974)